El acuerdo climático de Paris, un acuerdo para la paz y la prosperidad mundial

El acuerdo climático de Paris, un acuerdo para la paz y la prosperidad mundial


Una pronta ratificación es fundamental ante la urgencia climática

El 22 de abril se llevará a cabo la ceremonia de firma del Acuerdo de París sobre el clima, en la sede de la ONU en Nueva York. Es la oportunidad para recordar lo que este acuerdo tiene de innovador y esencial.

Un acuerdo ambicioso, equitativo y vinculante

El pasado 12 de diciembre, vivimos un momento raro de optimismo y euforia: fue una cita exitosa entre la humanidad y su destino.

El acuerdo de París demostró la eficacia del multilateralismo. En un contexto diplomático difícil, probó la capacidad de todos los Estados para superar sus divergencias con el fin de afrontar, juntos, retos comunes. La COP 21 permitió también medir la determinación de los gobiernos locales, de las empresas y de todos los protagonistas no estatales para entrar en un mundo resiliente ante los impactos climáticos, para construir una economía “descarbonizada”, como ya fue el caso a partir de junio de 2015 con motivo del G7 en Alemania.

Este acuerdo es ambicioso: se afirma el objetivo de contener la elevación de temperaturas muy por debajo de 2°C, y el de esforzarse para limitarla a 1.5°C. Esta ambición se traduce concretamente en una trayectoria mundial de emisiones de gas de efecto invernadero: un límite máximo de emisiones lo más pronto posible y una neutralidad de éstas en la segunda mitad del siglo. Además, la adaptación a los efectos del cambio climático se trata por primera vez con la misma importancia que la reducción de emisiones de gas de efecto invernadero.

Se trata también un acuerdo equitativo, a la vez diferenciado y solidario. Todos los países se comprometen en un acuerdo universal que refleja los compromisos de los países desarrollados para bajar sus emisiones y que reconoce la convergencia progresiva de los países en desarrollo hacia una reducción de esta naturaleza, en función de las capacidades y circunstancias nacionales respectivas. El acuerdo afirma por cierto la obligación de apoyo a los países en desarrollo en sus esfuerzos de reducción de emisiones y adaptación. La decisión que lo sostiene mantiene hasta el 2025 el compromiso de los 100 000 millones de dólares al año, que servirá de base a un objetivo financiero más ambicioso.

Finalmente, se trata un acuerdo vinculante. Se establece un sistema mundial de transparencia con el fin de asegurarse de la eficacia con el paso del tiempo y de fortalecer la confianza entre los países. El acuerdo permitirá estar al tanto de los avances de cada uno en materia de atenuación de los efectos del cambio climático y de adaptación a ellos, tomando siempre en cuenta las distintas capacidades de los países.

Lograr el éxito del Post-París

La aprobación del acuerdo de París el pasado mes de diciembre ya ha creado un movimiento. En el sector privado, por ejemplo, ya se confirma que hay un “antes” y un “después” de París. Grandes grupos energéticos revisaron su estrategia de desarrollo para hacerla compatible con una trayectoria “2°C”. Blackrock, el inversionista más grande del mundo, pidió a sus empresas que tomarán en cuenta el cambio climático. La quiebra reciente del gigante del carbón Peabody este mes y la venta hace unos días, por parte del gobierno saudita, de una parte de sus acciones en la empresa Aramco son quizás todos ellos signos de que tanto el mercado como los grandes protagonistas del sector de hidrocarburos anticipan el fin de la era de las energías fósiles.

Sin embargo, el Acuerdo de París no producirá verdaderos efectos jurídicos sino hasta después de haber entrado en vigor. Luego de la aprobación por consenso en diciembre pasado, debe entonces venir la firma y la ratificación correcta y debidamente. El acuerdo se abrirá para su firma el 22 de abril en Nueva York, con motivo de una ceremonia de alto nivel; el objetivo consiste en obtener al menos un centenar de firmas. Posteriormente, los países tendrán un año para ratificar el acuerdo. Para que entre en vigor, el Tratado requiere una ratificación de por lo menos 55 Estados que representen como mínimo 55% del volumen total de emisiones de gas de efecto invernadero.

Francia y Alemania formarán parte de los primeros países en ratificar el acuerdo. Nuestros países hacen un llamado a todos los Estados miembros a hacer lo propio rápidamente, para que la Unión Europea en su conjunto pueda integrarse a este acuerdo ─y permanecer a la vanguardia en el ámbito del clima.

La cita de Nueva York dará también la pauta para hacer que avance “la agenda de soluciones” inaugurada en París, a través del lanzamiento de numerosas coaliciones multiprotagonistas sobre los principales aspectos del reto climático: financiamiento, energías renovables, agua y adaptación, gestión de riesgos climáticos, entre otras cosas… Así, en el Plan de Acciones Lima-París, Estados y protagonistas no estatales se habían aliado para restaurar 150 millones de hectáreas de bosques antes de 2020 y proteger 400 millones de hectáreas en la Amazonia; para firmar el pacto sobre agua y gestión de ríos, que ya ha comprometido a 280 socios; o incluso, para lanzar una coalición internacional cuyo objetivo consiste en la fabricación de un vehículo eléctrico con un costo inferior a 7000 dólares. Hasta la fecha, varios miles de ciudades, regiones, empresas e inversiones se han comprometido públicamente por el clima.

Finalmente a partir de la próxima sesión de negociaciones ─que tendrá lugar en mayo en la Ciudad de Bonn en Alemania─ y luego en ocasión de la COP 22 de Marrakech en noviembre, vamos a tener que precisar y completar el Acuerdo de París: por ejemplo, detallar las modalidades del sistema de transparencia, preparar la “cita” de 2018 sobre la ambición o incluso reforzar la cooperación entre los Estados sobre la adaptación a los impactos climáticos.

Dernière modification : 21/04/2016

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